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jueves, 26 de julio de 2012

EL VIVO DE DIVAR (galería de impresentables)

No es el primero, ni –nos tememos- será el último. Si en las democracias hay la posibilidad de descubrir a los mangantes que se arriman al poder y asaltan la caja pública, y de sacarlos de la “mamandurria”, que diz la inefable Esperanza Aguirre, esa posibilidad queda usualmente limitada por el corporativismo existente y la connivencia de la casta política. Carlos Dívar, ostentaba, el que debía ser uno de los cargos institucionales más importantes de España -presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, ahí es nada- y por eso lo cobraba suculentamente. Pero se lo tomaba a coña, yéndose de farra a la costa marbellí y otros lugares de España, un fin de semana sí y casi otro también, cargando sus permanentes vacaciones al pueblo español. Si hacía eso, sería lógico pensar, cómo de coña se tomaría sus funciones jurídicas en el Supremo, dándole la razón a aquel alcalde de Jerez que dijo un día –con tanta razón como se ha podido comprobar a posteriori- que la justicia en España es una coña. Pero el vivo de Dívar, cuando fue cogido infraganti (los sinvergüenzas creen que nunca serán descubiertos y actúan abiertamente como si el país fuera suyo) no dimitió, como sería lo lógico y honrado, siguiendo al menos la máxima de que la mujer del César no sólo tiene que ser honrada sino parecerlo, sino que se enrocó en la poltrona apoyado por varios de sus compis. Al final, después de hacer el ridículo, y hacérselo pasar a la Institución, no le quedó más remedio que renunciar, renunciar y no ser expulsado, a su cargo por causa de indignidad. Para más vergüenza de este sinvergüenza, cuatro días antes de que el Boletín Oficial del Estado publicara el cese del vivo de Dívar el 30 de junio pasado, éste se apresuró ante la evidente salida, a presentar un escrito recordando (¡qué vivo!) que le corresponde una pensión por indemnización (¿y a los ciudadanos quién los indemniza por las triquiñuelas dadivosas de ese individuo?) del 80% de su sueldo, que ahora se quedará en 8.670 eurazos al mes por estar en casita viendo la tele, más la pensión de jubilado que completará con creces lo que venía ganando. Esta injusta indemnización está prevista en la ley 74/80, con destino a los altos cargos del Estado durante dos años, con lo que el vivo de Dívar, si sus compis del Consejo no lo impiden, se pasará lo que queda de esta dura crisis, sin enterarse de ella mientras el ciudadano que le paga, ve rebajado sus sueldos, crecidos sus impuestos, mermada su sanidad, o sencillamente, cada vez más en la calle con una prestación disminuida y vigilada, si consigue disfrutarla el mismo tiempo que este "parado" de lujo y sin vergüenza. Sus compis, tienen la oportunidad de no permitirlo y demostrar que efectivamente algo empieza a cambiar en España para bien.






miércoles, 25 de julio de 2012

LA BURBUJA DE LOS MARES DEL SUR


¿Conocen lo que es la burbuja de los mares del sur? Así se ha denominado popularmente al crack de 1720, crisis financiera que ocurrió en Gran Bretaña en ese año, debido a una burbuja especulativa iniciada en 1711. Constituye uno de los primeros cracks económicos de la Historia. En este último año, Robert Harley, jefe del partido Tory o conservador ingles -equivalente ideológico al PP español- creó la South Sea Company (Compañía de los mares del sur) que tenía el monopolio del comercio con las colonias españolas en América. La compañía, a cambio, aceptó cambiar diez millones de libras en bonos del tesoro contra las acciones a un alto interés del 6%, lo que suponía un chollo para los inversores. La compañía hizo un primer viaje comercial hacia América aunque con escasas ganancias, que se complicaron poco después con el conflicto contra España, cuyo rey pensaba que los ingleses eran un peligro paras sus colonias y les declaró la guerra, escocido también por la pérdida de Gibraltar. Sin embargo, 6 años después del viaje de sondeo, a pesar del escaso negocio, la compañía se hizo cargo de diez millones de libras suplementarias de deuda pública. Gracias a la especulación desatada por medio de los típico rumores –la historia se repite- suben las acciones y la compañía creada por el líder conservador tiene la licencia del rey para comerciar en exclusiva con los mares del sur. Es la época en que aparece en escena John Law, otro siniestro personaje, que se ofrece en Francia como economista al nuevo regente, creando con su apoyo el Banco General, que pronto pasaría a ser Banco Real con capacidad de fabricar moneda. En 1717 Law creó una compañía para controlar el comercio de Louissiana (en ese momento en manos francesas). Con el frenesí especulativo, similar al de la burbuja del ladrillo puesta en marcha en España hace unos años por Aznar, surgen otras burbujas especuladoras y se acelera la bajada en la cotización de unas acciones vendidas a precio de humo. La crisis se contagió a los bancos, y provoco la indignación del pueblo -los perjudicados pertenecían a todos los estratos sociales- que a finales de 1720 consigue la disolución del Parlamento inglés. La comisión que sustituyó al Parlamento reveló la intrincada maraña de corrupción en la que estaban implicados buena parte de los miembros del gabinete conservador, y uno de ellos se suicida. Los demás fueron arrestados y encerrados en la torre de Londres y la mayor parte desposeídos de sus bienes (en ésta última parte, la historia no se repite: los causantes de la crisis del 2008 a nivel internacional y la del ladrillo en España, siguen sin devolver el dinero y tan campantes en la calle). Por su parte el Parlamento Francés quiso ahorcar a John Law, pero éste, protegido por el regente, a quien había enriquecido con sus negocios, huye a Venecia. En Inglaterra, es nombrado nuevo ministro del Tesoro, Robert Walpole que anunció una serie de medidas para restablecer la confianza pública y la solvencia de la compañía, que sorprendentemente continuó sus negocios y además, administrando la deuda nacional creada por la especulación. Lo que hizo Walpole fue rescatar a la Compañia de los Mares de Sur mediante la inyección de dinero público hasta convertirlas en dos compañías de gestión de deuda, con el objeto de maquillar la falta de liquidez (el “no hay dinero” que tanto se dice ahora) del sistema económico británico. Con estas medidas, Walpole se ganó al partido opositor Whig y al rey que delegó el gobierno en él. Ebrio de poder y una escandalosa vida privada, quiso controlar la del resto de los ingleses. Escritores como John Gay (que lo satirizó en su “Ópera de los mendigos”, inspiración de la famosa de “los 4 peniques” de Brecht), Jonathan Swift, Alexander Pope o Henry Fielding, le criticaron abiertamente. La reacción del susodicho Walpole fue, para cercenar las críticas, promover la censura en los teatros con la Theatrical Licensing Act de 1737, pasando a ser considerado un dictador. Con esta ley, Walpole cerró los teatros sin patente, es decir, aquellos que sólo tenían permitido representar comedias, pantomimas y melodramas, imponiendo en los teatro con patente, o sea, con licencia para representar teatro hablado o “serio”, la censura previa de los textos. Como consecuencia, la mayoría de los autores críticos se vieron obligados a escribir novelas y el teatro inglés cayó en descrédito ante el público.

viernes, 20 de julio de 2012

NO TENGO FUERZAS PARA RENDIRME

Foto: José Miguel Pérez (Canarias 7)

Anoche tuve un sueño. Soñé, que después de la masiva protesta en toda España en la calle contra su gobierno, Mariano Rajoy, impulsado por un repentino atisbo de rubor y dignidad personal y política, dimitía. Soñé, que el rey Juan Carlos, incapaz como Jefe de Estado de evitar la inminente ruina de España, impulsado por un atisbo de honor, abdicaba. Soñé, que Rouco, presidente de la Conferencia Episcopal española, como representante del Papa, jefe de la iglesia católica, arrepentido de su ominoso silencio ante la injusticia social, impulsado por inesperado piadoso gesto de moral cristiana, decidía irse después de devolver al Estado los miles de millones de euros que les regala el gobierno. Soñé, que los bancos, en un impulso de inacostumbrada e histórica vergüenza propia, decidía devolver a sus dueños, las casas hipotecadas y el 50 % de sus usureros interes, además de renunciar a los casi 100.000 millones del préstamo europeo, para destinarlos a rescatar el reflote de las empresas, el empleo y los servicios públicos esenciales sanitarios, educativos y culturales.
Pero no. Todo fue un espejismo que me hizo despertar a la cruda realidad de que nadie vinculado al poder en este país, está dispuesto a irse cuando las cosas no funcionan, ni a dejar de ganar dinerales cuando la mayoría de la población sufre deseperadamente. Ni siquiera tienen el rubor de irse, cuando viven y muy bien a costa del dinero de la mayoría de los españoles que trabajan en condiciones cada vez más precarias -lo que trabajan- o se hunden en la ruina económica y moral, los que no. Esto no es democracia. Es el uso torticero de un derecho humano universal en beneficio de unos pocos. Es la vergüenza de un país sin orgullo nacional, arrodillado gracias a sus dirigentes ante la avaricia del capital financiero. Este gobierno es un gobierno títere de la troika europea, no es un gobierno de un país que sigue los designios de los ciudadanos de ese país que lo eligió en unas urnas. En vez de solucionar los problemas de esos ciudadanos al margen de ideologías, se limita a ser lacayo de intereses extranacionales. Hay que hacer y cumplir lo que dice Bruselas, se jacta el ministro de Hacienda en un intento de justificar lo injustificable. Y Rajoy, se esconde. Evita dar la cara ante los españoles. Ni siquiera va al congreso a defender sus decisiones. Sólo acude, como ayer, a votar esas catastróficas decisiones que están llevando España a la bancarrota ante la connivencia de los demás poderes, fácticos o no. Esta Europa en que nos metieron por la puerta de atrás con prisas ha sido una mala apuesta para España, como lo fue una transición política condicionada, de la que vienen estos lodos. Lo que pudo ser una acertada opción, nos ha ido arrinconando por la carencia de orgullo nacional de la casta política, proclive a agachar la cabeza a cambio de unas migajas. Primero nos engañaron para entrar en la OTAN. Luego con la entrada en el ámbito del euro, se nos convirtió de motu propio en europeos de tercera, en PIGS, esa acrónimo tan del gusto de la City económica británica para designar a los ciudadanos del sur de Europa (Portugueses, Italians, Greeks, Spaniards), que corresponde igualmente a la palabra inglesa que significa "cerdos". Un presidente nos metió en una guerra (Irak) por servilismo al imperio yanqui, otro nos sacó de una y nos metió en otra (Afganistán) para seguir sirviendo a otros interes espúreos, de la que un tercer presidente no nos ha sacado. ¿Cuánto dinero nos ha costado y sigue costando eso? ¿Es eso  sostenible y los servicios públicos básicos no? Ahora seguir perteneciendo a Europa nos esclaviza y sus orondos dirigentes nos marginan y encima  nos culpan de todos los males de Europa. Parecía tan sólo hace unos días que a los ciudadanos de este país -para satisfacción del poder- sólo les interesaba el triunfo de unos señores en calzoncillos corriendo detrás de una pelota dándole patadas, frente a aquellos que pelean por investigar como cientificos, enseñar como maestros o profesores, curar como médicos, construir como arquitectos o ingenieros, crear como artistas o simplemente ser los mejores en sus respectivas ámbitos, y son obligados por ese mismo poder, a no hacerlo por falta de medios o a emigrar. Sin embargo, el hartazgo ciudadano ha llegado al límite y ha salido a la calle, único lugar que nos queda por ahora para la expresión libre, dado el adocenamiento de los medios de comunicación y los parlamentos. Ha salido a la calle y ha dicho ¡Basta! Como decía ayer la pancarta de un ciudadano, "No tengo fuerzas para rendirme". Esa debe ser la consigna que nos anime a cabalgar hasta enterrarlos en el mar, como dijo el poeta en otos tiempos igual de sombríos.

viernes, 13 de julio de 2012

¡QUE SE JODAN!


El Padre, Don Carlo

El victorioso exabrupto lanzado el día de ayer desde la tribuna del parlamento español por la diputada pepera-valenciana Ana Fabra, de "qué se jodan" ha sido la guinda que adorna el asqueroso y enevenado pastel que ha ido elaborando el PP de Rajoy and company en sus escasos seis primeros meses de gobierno en España. Es -y esperemos- el punto final de su política de despropósitos, de provocación diaria al ciudadano de a pie, de represión policial continua y brutal, de bajada de pantalones ante la banca y Europa, claudicación ante la conferencia episcopal, empobrecimiento generalizado (económico, cultural y moral) de la población, y en definitiva, de dinamitadores del pequeño estado del bienestar conquistado con tanto esfuerzo en los últimos años. Es la cruda realidad pese a quien pese. Para construir se tarda mucho, para destruir, basta medio año. Por tanto, temblamos ante lo que pueda pasar en lo que queda de legislatura de seguir tomando médidas económica y políticamente absurdas, un viernes sí y otro también, agazapados en el confort de la casta política con poder absoluto y desprecio aun más absoluto hacia la ciudadanía. Ante tanto engaño y latrocinio, la ciudadanía tiene un límite en su hartazgo y en su supervivencia.
La treintañera niñata, hija de su papá, el capo de Castellón, Don Carlo, dice hoy que el "que se jodan" lo dijo ayer refiriéndose a los diputados del PSOE, lo cual tampoco está bien, ni es de educación cívica. Pero lo cierto es que Ana Fabra al expresarlo tan espontanea y eufóricamente, como lo hizo en 1936 el fascista legionario Millán-Astray, con su grito de "Viva la muerte! ¡Muera la inteligencia!" ante Miguel de Unamuno, se ha desacreditado como representante del pueblo -como debería ser- y demócrata respetuosa con los adversarios políticos -como debiera serlo aun más-, para mostrarse como lo que realmente es, además de una niñata malcriada y clasista. Anita "que se jodan" Fabra -como ya la llaman- es fiel espejo de su padre -Don Carlo-, capo del PP muchos años de Castellón, donde ha hecho y deshecho a su antojo hasta que no ha podido eludir la justicia. Gracias a Aznar -cuando él habitaba en la Moncloa-, consiguió se construyera un aeropuerto en Castellón (¡!) que se acabó hace 5 años y nunca ha entrado en servicio. Rajoy y sus secuaces deberían callar cuando se les llena la boca de agua diciendo que todo lo de ahora es culpa de Zapatero o del PSOE. Lo del Aeropuerto, que costó a los valencianos casi 200 millones de euros para estar cerrado a cal y canto, es exclusivamente un pufo pepero, de Aznar, Fabra y compis de igual ralea. Planteó el proyecto escudado en un macroplan urbanístico de 40.000 viveindas y 12 campos de golf (el es desde hace años presidente de uno) que se ha quedado en nada. Pero el Fabra padre, va escapando de los tribunales a pesar de haber sido denunciado por cohecho y fraude a Hacienda y recibir comisiones para dar licencias mientras era presidente de la Diputación, cargo político que ostentaba al mismo tiempo que hacía sus chapuzas por medio de su empresa CARMACAS. De esta empresa es socia su bambina Ana, abogada, que ha ido escapando de la imputación correspondiente solicitada por el juez, dado su chollo de aforada. Sin embargo, a Fabra padre, de impenitentes gafas negras (al parecer por haber quedado tuerto en la infancia jugando con unas tijeras con un hermano) que dicen usa para no descubrir su mirada torva ante los demás, lo ha bendecido Rajoy declarándolo "ciudadano y político ejemplar". ¿Cabe mayor provocación?
Ana "que se jodan" Fabra, ha declarado disfrutar de 2 créditos hipotecarios, uno de ellos de BanCaja, que fue abducida por el proyecto bancario pepero de Bankia, que ha sido otra tanda de despropósitos, mentiras y fraudes, que esperemos que con el exministro Rato, acaben todos en el banquillo y en prisión. Ana tiene dos chalezasos, uno en Oropesa y otro en Pozuelo de Alarcón. Este último en la urbanización de superlujo promovida por el arquitecto Joaquín Torres Vázquez, con piscinas cubiertas, gimnasio, cine privado, etc, donde tienen vivienda gente como los futbolistas Cristiano Ronaldo, Raul o Fernando Torres, y el cantante Alejandro Sanz. Ellos lo ganan y se lo pueden permitir, pero alguien viviendo de la política ¿cómo? A no ser que sea hija de quien es y esté pendiente de los tribunales. La niñata pepera está casada con otro militante pepero, Juan José Güeme, cuarentón y niño bonito en su momento de la ínclita Esperanza Aguirre. Como consejero suyo de Sanidad, le dejó todo preparado para privatizar el servicio sanitario dependiente de la comunidad de Madrid, y anteriormente, como consejero de Empleo y de la Mujer, declaró cosas como que para luchar contra el maltrato de la mujer no se le ocurría nada más que hacer ni dinero que gastar... Es un niñato que hizo carrera de negocios y ha vivido siempre de la política.
Ahora es fácil explicarse como Ana Fabra ha podido impunente y con entuasiasmo gritar "que se jodan" refiriendose a los parados que verán reducidas sus ya escasas prestaciones, a los adversarios políticos, y en definitivamente contra todos los españoles que afortunadamente ni pensamos ni comulgamos con esta panda de desalmados que para colmo, viven descaradamente a costa de quienes insulta. Por cierto, Ana, si te molesta lo dicho aquí, ¡Qué te jodas!