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viernes, 9 de agosto de 2013

GIBRALTAR

El gobierno PP de Rajoy, acosado informativa, política y judicialmente desde hace unos meses por la corrupción de algunos de sus dirigentes, ha querido desviar la atención creando un ficticio conflicto pactado con el tema de Gibraltar. Cada vez se parecen más en modos y maneras a su padre putativo ideológico, el franquismo, al que nunca, por cierto, han condenado.
Gibraltar siempre fue el tema recurrente del general Franco cuando se le creaba un problema político, respecto a las libertades democráticas en España. Ponía firme al sempiterno ministro de exteriores Castiella que se plantaba en la ONU a reivindicar Gibraltar español contra "la pérfida" Albion. Ahora, el PP recurre a la misma estratagema con la diferencia de que evita ir a la ONU y lo convierte en escaramuza dialéctica con un gobierno también de derechas como el británico de Cameron. Sabe que vender "Gibraltar español" puede tentar la fibra nacionalista. Porque no olvidemos que este partido, el PP, aunque furibundo opositor a cualquier nacionalismo en el Estado español es defensor a ultranza del centralismo y el nacionalismo fundamentalista hispano. Esta nueva bravata protagonizada por el ministro García Margallo no irá a ningún lado, sino a engrosar el hazmerreir internacional de la "marca Esppaña". Ya lo hizo en compañía del ministro de eléctricas Soria cuando la República Argentina nacionalizó el chanchullo de Repsol en aquel país. Llegaron a amenazar con tomar medidas, y al final se tragaron sus propias palabras. Esta es la politica exterior esppañola, ridículo tras ridículo, en vez de ocuparse de lo fundamental. Origen de esta absurda bravata nacionalera, puede estar también en apagar la evidente verdad del trágico accidente de Santiago, donde al margen de la imprudencia o despiste del maquinista, se ha evidenciado la chapuza nacional en materia de seguridad de los trenes españoles, y justo cuando se estaba publicitando la venta del AVE a otros paises. 
Gibraltar, el Peñón, o la Roca es una pequeña porción de tierra estratégica en tierra española perdida por la irresponsabilidad del primer rey borbón en España, Felipe V, que la cedió a perpetuidad a Inglaterra en el tratado de Utrecht con tal de conseguir el trono. Su famoso artículo X dice: "El Rey Católico (Felipe V) por sí y por sus herederos y sucesores, cede por este Tratado a la Corona de la Gran Bretaña la plena y entera propiedad de la ciudad y castillos de Gibraltar, juntamente con su puerto, defensas y fortalezas que le pertenecen, dando la dicha propiedad absolutamente para que la tenga y goce con entero deecho y para siempre, sin excepción ni impedimento alguno". El peñón había sido conquistado en 1704 por una escuadra anglo-holandesa que inntervino en la guerra de sucesión española en apoyo del otro contendiente al trono, el archiduque de Austria Carlos III. Acabada la guerra en 1713, el rey borbón entregó definitivamente a Inglaterra, Gibraltar, y la también perdida en la guerra por el trono, isla de Menorca, que no sería recuperada (tras un siglo de ocupación por una época inglesa, por otra, francesa) hasta 1802 por el tratado de Amiens.
Un caso paralelo al de Gibraltar, lo constituye las antiguas plazas africanas, hoy ciudades autónomas dentro del Estado español, de Ceuta y Melilla. Ésta última, de unos 12 km cuadrados y 80 mil habitantes (el 40% musulmán) es limitrofe con el Rif marroquí y próxima a Argelia. Bajo otro rey borbón, Carlos III, fue conquistada a los rifeños en 1774, e incorporada a España, siendo desde entonces fuente de conflicto con Marruecos que la ha reivindicado más de una vez. En su entorno, se inició la guerra de África de 1859 tras la ampliación de tierras por parte de España a costa del sultanato de Marruecos. Duró 4 meses y fue orquestada por el gobierno del general liberal O´Donnell para distraer los conflictos de la corte y fomentar el apoyo patriotero a su causa. La cúpula de la iglesia católica alentó en aquella guerra "a no volver sin dejar destruido el Islam, arrasadas las mezquitas y clavada la cruz en todos los Alcázares". Como resultado del acuerdo de Wad-Ras, España se quedó a perpetuidad Ceuta y Melilla, el reconocimiento de su soberania en las islas Chafarinas, y Marruecos condenado a pagar 100 millones de pesetas y la entrega de Sidi-Ifni para instalar en ella una pesquería. Sin embargo, los conflictos se sucedieron en la zona, como la guerra de 1893, llamada Margallo por el general gobernador de Melilla que la lideró (curiosamente sus apellidos García Margallo coinciden con los del actual ministro bravucón de Exteriores) y que murió en ella de manera extraña, según algunos rumores, por un disparo en la cabeza del oficial Miguel Primo de Rivera que sería ascendido a capitán por su destacada participación en la guerra.
Como consecuencia de estos continuados conflictos, y a partir de la conferencia de Algeciras de 1906, España y Francia se repartirán definitivamente en 1912 el reino de Marruecos, dividido en dos como protectorado, hasta su independencia en 1956. En 1920, no obstante, España se vería implicado en más guerras contra los rifeños, pero en esta ocasión, dejando atrás 13 mil muertos en el llamado "desastre de Annual". Para dicha contienda se creó la Legión por Franco y Millán Astray, que cometió grandes desmanes sobre la población civil rifeña entre quienes destacó su lider militar Abd-el-Krim. Un informe de la época evidenció que gran parte del desastre lo ocasionó la ineficacia y corrupción existente en el ejército español, pero no llegaron a ser depuradas responsabilidades militares y políticas, porque el golpe de estado del general Primo de Rivera en 1923 dio carpetazo al asunto.
Volviendo a la actualidad de esta nueva reivindicación de Gibraltar, no sería descartable una nueva reivindicación de Ceuta y Melilla (no hay que olvidar el episodio rocambolesco de la toma del islote de Perejil por soldados marroquiés durante el gobierno Aznar) por parte de Marruecos, a no ser que se haya pactado con el reyezuelo alauita Mohamed VI alguna otra jugosa compensación en la reciente embajada española a Rabat, con el rey Juan Carlos al frente, varios ministros, empresarios y ex-ministros de exteriores. La primera consecuencia y más llamativa de este viaje ha sido el indulto a varios presos españoles entre los que se encontraba el pederasta y al parecer espía en Irak, Daniel Galván, condenado a 30 años en Marruecos
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