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domingo, 5 de diciembre de 2010

NI CALVO NI CON DOS PELUCAS



Los controladores aéreos españoles han dado un paso más en su aislamiento social. Su actitud de abandonar sus puestos de trabajos justo cuando los aeropuertos -y era de cajón- iban a tener con motivo del puente de "la constitución" un gran movimiento, los ha puesto una vez más contra la sociedad. Debe ser que les ha faltado inteligencia al colectivo o que siguen pensando que nos tienen en sus manos, en su particular pulso contra el gobierno. Ellos deben saber que las huelgas estan legisladas y hay que dar un tiempo de aviso. También, que las huelgas en algunos servicios, sobre todo, aquellos que afectan mayoritariamente a la población, no pueden hacerse de la manera que lo han hecho. Ellos no son tontos y saben que mucha gente no viaja por placer, sino por necesidad, e incluso que hay lugares -caso de Canarias- que se depende muy mucho del avión para moverse y alimentarse. Es decir, un parón de este tipo, además del perjuicio económico, provoca otros perjuicios vitales que pueden llevar al caos. También se supone, que siendo un colectivo laboralmente priovilegiado, y más en los tiempos que corren, deben saber que mediaticamente, el gobierno, haga lo que haga, va a tener la opinión pública de su parte, dándole además, como le han dado, un respiro a la casta política, respiro que tanto necesita en tiempo prelectoral. De ahí que en momentos tan delicados de paro, algunos de ellos, caso de Paulino Rivero, haciendo campaña electoral, se haya llenado la boca pidiendo que los echen todos a la calle. Pero si el colectivo de controladores lo ha hecho mal y merecen un repulsa, el gobierno tampoco ha estado a la altura de las circunstancias, manteniendo mucho tiempo el conflicto latente y sin darle soluciones, provocando, incluso con esta especie de "ucase" un agravamiento del conflicto que ha enconado las posturas. El paro era previsible, estaba cantado, y un buen gobierno debería haberse adelantado para evitarlo, no tomando a destiempo medidas, que si pueden ser constitucionales o legales, no dejan de ser democráticamente chirriantes. Zapatero y sus secuaces, con sus incapacidades y dubitaciones, han llevado al límite la imagen de España fuera de sus fronteras, la misma que emanaba en esa patética foto corriendo en el foro de la G-20 de Seúl en noviembre pasado junto a Cameron, asesorado al parecer, en cuanto a vestimenta y postura desportiva por "sus peores enemigos", hasta el punto de simular un trucaje de photoshop. El cúmulo de errores, incongruencias y mentiras conque nos ha regalado en este legislatura, son palpables: desde decir que no pasaba nada cuando la crisis era una realidad, hasta acabar haciendo una reforma laboral y recortes laborales al gusto del capital financiero, o mantener al ejército español en guerra en Afganistán, bajarse continuamente los pantalones frente al chantaje del reyezuelo marroquí, o decir las estupideces que dijo cuando la FIFA desbancó a la peninsula ibérica del mundial de 2018, y del siguiente. Zapatero ya no tiene credibilidad, no ilusiona a nadie, o quizá sólo a la guardia pretoriana de su gobierno que ha dado la cara por él durante el conflicto. Porque esa es otra. ¿Por qué razón se ha escondido?