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viernes, 9 de noviembre de 2012

JORGE FERNÁNDEZ, EL MINISTRO "MÍSTICO" DE RAJOY


El vallisoletano Jorge Fernández Díaz, militante del PP, en cierto tiempo,  inspector de trabajo,  es el ministro “místico” de Interior de Rajoy. Y podríamos preguntarnos, ¿qué hace un “místico” del Opus Dei, al frente de un Ministerio nada místico con su policía repartiendo leña a diestro y siniestro, en el año que más manifestaciones callejeras ha habido contra el gobierno? Se decía que Fernández estaba destinado –y prefería- un carguito diplomático en el Vaticano de sus amores, pero al final, probablemente por su experiencia en tiempos que fue del partido de Suárez (la UCD) en años conflictivos (1981-1982) para la democracia con el Tejerazo, al frente de gobiernos civiles conflictivos (Asturias y Barcelona), y otros cargos posteriores con el PP de Aznar, le tocó finalmente la lotería del Ministerio del Interior, de nombre tan “místico” como él. Su misión fundamental ha sido convertirlo entre palos y rosarios, en madriguera del Opus Dei donde campan también como altos cargos, otros militantes de la Obra. Ignacio Ulloa, el Secretario de Estado de Seguridad, es un destacado elemento del ala dura del PP catalán, procedente de la FAES aznarista, al igual que el ministro, de oración y “lectura espiritual”, y el Director General de la Policía, Ignacio Cosidó, es miembro del ala más reaccionaria del PP, curtido a la sombra del propio Aznar y Mayor Oreja, y colaborador habitual de la Libertad digital de Jiménez Losantos con sus teorías conspiranoicas sobre el 11-M.
Cuando Fernández era un gallito de la oposición frente a Zapatero, fue un talibán opusdeista en contra de la ley del matrimonio gay, y firmante de la propuesta inspirada por el cardenal Rouco para cargársela por “inconstitucional”. Siete incomprensibles años después, el Tribunal Constitucional le ha quitado la razón a Fernández y sus secuaces, y dado al colectivo gay y al PSOE que la promulgó. Sin embargo, en vez de acatar la sentencia (es notorio que el PP sólo está de acuerdo con la ley cuando está de su parte), ha seguido Fernández con su pataleta “mística” y ha declarado erre que erre que sigue creyendo que el matrimonio define la unión de un hombre y una mujer y que “está en contra del derecho a adoptar niños por parejas del mismo sexo”. ¿Cómo es posible que el propio ministro del Interior se muestre en rebeldía contra la misma ley? ¿Cómo puede confiar el ciudadano de a pie que el máximo “responsable” de que se cumpla la ley, se manifieste, aunque sea verbalmente, en contra de ella? Fernández no es que debería dimitir inmediatamente después de hacer tal declaración, sino que Rajoy debería antes de que lo hiciese, ponerlo de patitas en la calle. Pero ya sabemos qué tipo de confianza democrática inspira este gobierno del PP.
El ministro Fernández es supernumerario de la secta ultra católica Opus Dei, y por tanto, según las normas de ésta, un hombre de  diaria oración (20 ó 30 minutos), asistencia a misa  con acción de gracias posterior (10 minutos), visita al santísimo, examen de conciencia, lectura de evangelio y un libro espiritual (15 minutos) y tres avemarías por la noche. Además, debe confesarse semanalmente  y rezar la salve los sábados, retirarse mensualmente dos o tres horas, y por los menos, una vez al año, hacer una convivencia de 6 días, un curso de retiro de 3, consagrarse al espíritu santo el domingo de pentecostés, al corazón de Jesús y al “dulcísimo” de María en la Asunción. A todo ésto, el ministro Fernández debe tener una imagen de la virgen –se supone que en su despacho oficial- para saludarla al entrar y salir, llevar el escapulario del Carmen, tener  en el dormitorio agua bendita para rociar con ella la cama antes de acostarse, escribir cartas al prelado, rezar por el papa y el obispo y hacer una romería de visita a una virgen, rezando tres rosarios.
Realmente, es inexplicable de dónde sacará el ministro tiempo para su trabajo entre tanta cotidianeidad “mística” en un ministerio tan prosaico como el de Interior, que se ha destacado durante su mandato no precisamente por la mística del diálogo. Como ha dicho el ministro Fernández, “Dios es el gran legislador del Universo” y la “política un magnífico campo para el apostolado”, por lo que le debe parecer normal  sacar a la policía a repartir hostias, además de amenazar con recortar derechos fundamentales como el de la manifestación. Hace un par de años, en declaraciones a Gonzalo Altozano, director del semanario Alba, perteneciente a la derecha pura y dura  y provocadora de Intereconomía, desmenuzaba su reencuentro con Dios y “conversión” al Opus en un viaje oficial en los 90 a Las Vegas, emporio del juego y el vicio como está considerada tan “mística” ciudad. También confesaba sus lecturas inspiradoras de autores como Vittorio Medori, el escritor sobre temas católicos más leído y traducido, autor  de una hagiografía sobre el Opus Dei y Ratzinger, “El regreso del hijo pródigo” de Henry Nouwen, “La historia de un alma” de Teresa de Lissieux (Teresita del niño Jesús), doctora de la iglesia por obra y gracia de Juan Pablo II, y las “Confesiones” de San Agustín. Si hay duda alguna de su talante "místicamente" provocador, también ha comparado el santuario franquista del valle de los caídos, con el cementerio nacional de Arlington (USA) donde desde la guerra de secesión se entierran a las víctimas de la guerra, o con el de Normandía.
Su gusto vaticanista, donde la secta a la que pertenece es la única prelatura personal existente dentro de la iglesia católica (lo es desde Juan Pablo II en 1982), le llevó el mes pasado a la Santa Sede presidiendo la delegación oficial española que asistió a la canonización de la monja catalana Carmen Sallés y Barangueras, fundadora de las Religiosas Concepcionistas Misioneras de la Enseñanza. En el mitin en la embajada de España, soltó aquello de que “Cataluña sin España no sería Cataluña y España sin Cataluña no sería España”, añadiendo que  “España será cristiana o no será”.
A pesar de vida tan entregada y tan mística, como ministro se estrenó prácticamente con la contundente represión policial contra los estudiantes en Valencia, donde el jefe superior de la zona (aunque nombrado por Rubalcaba), Antonio Moreno, se descolgó tras la brutal represión con la frase de que los estudiantes eran “el enemigo” y había que actuar así. La presión social hizo que lo cesaran, pero el susodicho individuo sigue en el cuerpo y fue premiado como responsable de seguridad a una exótica embajada. Luego vendría este verano, la inusitada represión contra los manifestantes del 25-S que se concentraron en torno al Congreso. Para justificarse, el ministro Fernández aludía al artículo 66 de la Constitución sobre la “inviolabilidad” del Congreso, cuando tantos artículos de la propia Constitución ha violado en un solo año de gobierno su propio partido. Al término de la represión, el ministro Fernández felicitó a la policía por el trabajo bien hecho y es partidario de que no se tomen imágenes de las cargas policiales, porque dice, están trabajando. Al contrario de lo que le pasaría presuntamente a cualquier ciudadano, consiguió escapar de la justicia por hacer pública información secreta del caso Publio Cordón  en plena fase de investigación cuando largó por la boca para apuntarse el tanto. 
Para colmo, la “mística” del ministro, su misa diaria, rezos del rosario, “prácticas” de piedad  y golpes de pecho, no han sido óbice para que en momentos actuales haya pedido que para el próximo año se gasten 3,26 millones de euros en material antidisturbios (porras y balas de goma), frente a los 173.630 del presente año.