Páginas vistas en total

lunes, 20 de julio de 2015

MEMORIA DE LOS SENTIDOS


José Orive

No existe una definición precisa y consensuada de Cultura. Kroeber y Kluckholm compilaron una lista de hasta 164 de ellas en su trabajo "Cultura: Una reseña crítica de conceptos y definiciones. Originalmente viene del vocablo latino "cultus" con significado de cultivo y fue variando ideológicamente hasta el siglo XX convertido ya en concepto central de la antropología, sobre todo después de que el etnólogo Edward Tylor acuñara en 1871 cultura como "toda aquella totalidad compleja que incluye conocimientos, creencias, arte, moral, derecho, costumbres y todas las demás capacidades y hábitos que el hombre adquiere como miembro de la sociedad". Es decir, prácticamente todo.
En ese sentido, por ejemplo, la memoria de los aromas guarda una relación directa en la mente del ser humano respecto al entorno cultural que construye, conserva y también transforma. Elementos gráficos como el olor a tierra mojada, a café recién hecho, pan caliente, a tinta impresa, o cualquier perfume, etc., transportan a través del recuerdo a contextos individuales pero también colectivos ubicados en un tiempo y espacio determinado. Sirve como punto comparativo a contextos determinados que por su impresión son guardados con nostalgia. Lo mismo ocurre con los sabores, fundamental a la hora de encararse con la cultura gastronómica. El sentido del oído marca igualmente cambios de mentalidad o gustos, especialmente de cara a la música, ámbito en el que la amplificación no sólo ha influido en la escucha sino también en la aparición de diferentes nuevos instrumentos. La mirada también se ha hecho importante otorgándole a la cultura mucho de espectáculo, a veces, mucho más de esto último que de fenómeno cultural.

En ese mismo sentido, los viejos hábitos en la creación cultural y su percepción también retornan a la memoria como flujo de comparación. Los avances tecnológicos, los cambios horarios impuestos por las nuevas concepciones en el trabajo y el ocio -tandem indiscutible-, los nuevos formatos creativos y de difusión, la propia capacidad de aceptación o rechazo, incluso la evolución del propio concepto de cultura en la época actual, no han logrado enterrar ese background que condiciona al consumidor de cultura. Desde ese punto, afortunadamente la cultura es diferente para cada uno y por eso se engrandece y enriquece.

viernes, 22 de mayo de 2015

LA ACULTURA DEL PP. PARA REFLEXIONAR ANTES DEL 24-M

A pocas horas de la jornada de reflexión electoral del próximo domingo, hago mi reflexión sobre la acultura del PP en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria. Su alcalde, Juan José Cardona, nos atormenta presentándose a la reelección, afortunadamente esta vez, según las encuestas, sin posibilidad de obtener mayoría y mangonear la ciudad a su gusto.
Pasará a la historia como el alcalde de los carriles bici surrealistas y peligrosos, y el alcalde de las terrazas, de incitación a una nueva forma de botellón, que nos deja una ciudad.fragmentada, insolidaria y sucia, con mucha opacidad en su gestión y unas dosis de acultura tremendas.
Mi reflexión es básicamente en lo que en la cultura le toca responsabilidad. Lo suyo, si podemos llamarlo de alguna manera, sería gestión de la acultura más que otra cosa.
Empezó cargándose un evento importante como el Womad sin ninguna valoración ni alternativa, sólo por creerse virrey de su señor Soria más que alcalde de todos los ciudadanos. En estos cuatro años, con apoyo de una concejala de tan nefasta gestión -cuando lo tenía todo a mano para hacer maravillas- Isabel García Bolta, hemos visto, no sólo desaparecer este evento, sino como el propio Teatro Pérez Galdós, otrora orgullo de la ciudad, se ha convertido en un ghetto prohibido a los ciudadanos, un lujoso almacén sin programación a pesar de su coste (y lo que costó rehabilitarlo ¿tantos millones para qué?) en manos de un gerente que poco a poco ha ido acumulando poder a cambio de nada. La opacidad es extrema. Preelectoralmente se abren museos sin determinar contenidos o sin que sepamos, caso del Castillo de la Luz, en cuánto ha hipotecado a la ciudad por la forma en que se ha acogido a la fundación Martín Chirino, antes de que lo desalojen del poder. Todavía no sabemos a santo de qué una empresa privada da (desde la época de Soria alcalde) clases de danza en unas instalaciones municipales (Miller) mientras otros creadores pagan sus alquileres o ven negado su acceso al uso de las mismas. Opacidad en el funcionamiento del Temudas festival (qué bien le viene el nombre), que por no saber no se sabe quien es su responsable que ha sabido muy bien nadar y guardar la ropa. O de asesores de última hora que meten la nariz por encima de la propia concejala. ¿Dónde está lo que se llama guía de buenas prácticas en la gestión cultural? Claro, si no ha habido cultura, sino acultura, a qué buenas prácticas, ya que mejor yo me lo guiso y yo me lo como. El Festival de Cine es otro caso que deja mucho que desear, y cómo se ha perdido la oportunidad de hacer un concurso público para elegir al nuevo director, siguiendo con la gestión digital (nombramientos a dedo). Y del Tenorio que decir, proyecto que en su día la concejala vendió como gran evento para la ciudad y que se ha ido diluyendo con alternativas mediocres hasta dejarlo en parodia.
Es decir, que lo poco que han hecho, lo han hecho mal en todos los sentidos. ¿Y el Carnaval? Qué patetismo la gestión de la problemática con los vecinos que protestaban por los mogollones!
El candidato a la alcaldía por el PP no merece que se soporte su nefasta política otros cuatro años más. Y no olvidemos su corresponsabilidad junto a su señor Soria en que el Supremo ordenara el derribo de la biblioteca pública, ya que como concejal de urbanismo en su momento tuvo mucho que ver en la ilegalidad de su construcción. ¿Pagará de su bolsillo las consecuencias de su mala gestión? ¿o la pagaremos entre todos como uso y costumbre? Basta ya de creernos tontos. Reflexionemos y actuemos con nuestro voto para evitar el oprobio que significa que esta ciudad vuelva  a tener un máximo representante de esta catadura.

jueves, 21 de mayo de 2015

UN ARMA CARGADA DE FUTURO

Queda muy poco para poder ejercer el derecho a decidir que tenemos constitucionalmente. Tiempo de elegir a quienes van a tomar decisiones políticas los próximos cuatro años. Por eso es imprescindible acudir en masa a los colegios electorales y depositar en las urnas nuestro veredicto. Esta vez tiene que ser la antesala de un nuevo tiempo que deberá culminar en la próxima consulta del otoño  a nivel nacional. Ahora nos toca los ayuntamientos, cabildos y parlamento regional.
Es cierto que la ley electoral no levanta entusiasmos al primar los bipartidismos, y en Canarias, que el voto de algunas islas valgan muchísimo más que el de los habitantes de otras, fomentando que formaciones insularistas pueden imponerse a otras más representativas de la mayoría. Es cierto también, que la conducta de la gran mayoría de los partidos presentes en las instituciones, y sobre todo, la de un buen puñado de sus miembros no ha sido nada ejemplar, incluso, volviéndose a presentar estado bajo imputación. Es cierto que  los políticos se han distanciado en sus trincheras políticas de la ciudadanía que los ha elegido, convertidos en una casta corporativa, y trapicheado, según su conveniencia, con el voto popular. Es cierto, en definitiva, que poco anima a seguir confiando en un sistema, que en sí no es malo, pero que ha sido pervertido y vaciado de contenido en muchos aspectos, y no sólo -reconozcámoslo- debido a la actitud de los políticos sino también a la omisión o dejación de la ciudadanía instalada en su zona de confort asida únicamente al derecho a pataleo. Sin embargo, también es muy cierto, que esta cita electoral se presenta sugerente y con posibilidades de que muchas cosas puedan a cambiar a mejor.
Hay que pasar a la acción, a la militancia democrática, a exigir que quienes votemos cumplan sus promesas, que no pasen cuatro años para que desciendan a pie de calle colgados de las farolas con sus falsas sonrisas prometiendo el oro y el moro, escupiéndonos a la cara lo buenos que han sido. Hay que votar, pero informados lo suficiente como para saber que programa o a qué candidato votar, informarse de todas las opciones posibles por encima de las manipulaciones mediáticas. Votar en consecuencia para exigir consecuentemente. Y no esperar cuatro años para volver a utilizar esta arma tan valiosa que los políticos tanto temen. Estar vigilantes, ser participativos como sociedad civil, no dejándoles libres el terreno para que hagan y deshagan a su antojo.
Hay que ir a votar en conciencia para erradicar la corrupción de las instituciones, a echar a los mentirosos, a los vendidos, a los incapaces, a los soberbios, en definitiva, a quienes mercadean con nuestro voto para vegetar en las instituciones.
Estas elecciones tienen el aliciente de acabar con el bipartidismo, o el oligopolio político. Deben acabar también con la impunidad de la que han hecho gala algunos usufructuando la voluntad popular, trastocando la mayoría democrática en dictadura. A estos hay que negarles el pan y la sal, mandarles a los bancos de la oposición un tiempo para que se curen en salud y puedan sufrir el rigor de la justicia quienes tengan con ella cuentas pendientes.
Hay que limpiar la casa democrática de toda esta basura antes de que el cáncer de la corrupción se extienda más y sea imposible extirparlo. Hay que demostrarles que el poder no es de ellos, sino del pueblo que los vota y a él se debe. Que en todo caso son empleados nuestros que de nuestro dinero viven y somos nosotros quienes los elegimos. Que son servidores de la ciudadanía y como tales tienen que comportarse.
Estemos vigilantes, seamos participativos. Podemos cambiar las cosas, podemos llegar a ser lo queremos, a tener la ciudad, la isla o el país que queremos. Podemos conseguir ser libres. Podemos, debemos y tenemos que lograrlo, con respeto con quienes cumplen y son éticos, pero implacables con aquellos que no. Podemos así darle utilidad a nuestro voto para que sea un arma de cargada de futuro, como dijo el poeta de la poesía.