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martes, 21 de febrero de 2012

CARNAVAL, CARNAVAL...


Se acaba el Carnaval un año más. Un Carnaval cada vez más distante del pueblo. Un Carnaval convertido en mero espectáculo turístico.Ya avisaba hace un siglo la prensa de Las Palmas de Gran Canaria, que el "carnaval culto" oficialmente organizado por el ayuntamiento -en aquellos años circunscrito a un escenario y una serie de actos en la Alameda de Colón-, acabaría con la filosofía de la propia fiesta. “No deben concretarle a la Alameda: el carnaval está principalmente en las calles”. En la Alameda -añadía la prensa- no se divierte, se entretiene. Se le concentra en la Alameda y se deja desiertas las calles, “un excelente sistema para matar el carnaval”. Ahora que desaparece con los espectáculos de la Alameda, “conviene conservar en la memoria esta impresión, que creo es la de todo el mundo, para que los espectáculos sean el año que viene breves y pasajeros, y compatibles con el carnaval de calle, con el verdadero carnaval".
Hablamos de principios del siglo XX, en que se habían introducido costumbres foráneas como las serpentinas y los huevos-tacos (huevos rellenos de serrín, de papelillos de colores, de harina y hasta arena que se lanzaba la gente, y que acabaron siendo prohibidas en 1902 por su peligrosidad). Antonio Jorge dejó escrito en la Efemérides, que el Carnaval de Las Palmas no tenía las abigarradas muchedumbres ni presentaba la orgía de colores que hiciera célebre el de Venecia. No había en él el espectáculo de las interminables filas de coches en el Prado ni las pedigüeñas estudiantinas por todas partes que caracterizaban el carnaval madrileño. Tampoco nada que se pareciera a la aglomeración en las ramblas de Barcelona. “Su encanto proviene de su carácter íntimo, casi patriarcal, de su verdadera alegría. Las casas se abren todo el día a todos. Se entra, se bebe –esto copiosamente-, se baila a los sones del piano que toca el primero que se le ocurra. No hay necesidad de vestirse de máscaras para tener y usar este derecho de visita y bebida, y a pesar del abuso, la justicia no tiene que intervenir".
La animación se encontraba en casas particulares, sociedades o el propio teatro Pérez Galdós, donde el pintor Néstor realizaba celebradas escenografías como la del baile de las mariposas en 1906 con 350 de ellas multicolores colgadas en torno a una gigantesca sombrilla japonesa que acababa en un arco de mil bujías. En vez de murgas, había estudiantinas con gran espíritu de competencia y que producían gran animación. Pero, el auténtico disfrute se encontraba en el risco de Nicolás: "Un camino algo penoso subiendo el callejón de San Francisco, calle Real, se sigue por los riscos y veredas y se llega a uno de los salones donde se rinde culto a la diosa taifa. El salón 3 ó 4 metros de largo por 2 ó 3 de ancho. Su mobiliario, una cómoda (con su forro), unas sillas de mal pintado pino sobre la cual álzase un estante repleto de bebidas alcohólicas. ¡No se explica una taifa sin alcohol! En un rincón del cuartucho la pareja de tocaores puntea un walls. El baile empieza. Nos dirigimos en busca de una pareja quela pieza termina. Hemos bailado una taifa que nos cuesta de 20 a 30 céntimos (según elcapricho de la pareja) importe de una convidáa. La atmosfera nauseabunda, el humo de los cigarros, el olor de las bebidas, hacen olvidar el calor asfixiante. Es una de nuestras costumbres más curiosas y tradicionales".
En la Unión Liberal (1905), con firma de Oulac se hablaba de las taifas y sus personajes que "abundan por las alturas para danzantes de paladares estregados o fieles a las tradiciones risqueriles", sobre todo en el famoso Salón Durante:
Allí la ilustre Adelaida,
El genial Juan Jinorio,
La Petrilla y la Zoraida
Ofrecen fuerte jolgorio.
Todo el mundo se cimbrea
Al son de honestas canciones;
Abundan los bofetones
Y no falta la pelea.
Después del baile al hotel,
A nuestro hotel popular
Unos; otros van al hospital
Y unos cuantos… a beber,
A beber un poco más”
La verdad -decían- que el que no se divertía en Las Palmas era porque o tenía un fuerte catarro o una fuerte mujer que le impide actuar de noctámbulo por esos riscos de Durante y compañía.
La cabalgata se llevaba a cabo con batalla de flores, por las calles General Bravo, ala oeste de la plaza Cairasco, calle Remedios y Peregrina. Los carruajes entraban por la calle Muro y para verlos, se instalaban palcos en la Alameda y plaza Cairasco, a 15 pesetas, vendiéndose los tarjetones en el Hotel Madrid.

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