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martes, 28 de agosto de 2012

GENTUZA

Gentuza. No tiene otro nombre, aun a riesgo de ser benevolente. El maquiavélico juego de los últimos días desarrollado por Mariano Rajoy y su banda al respecto de la prórroga de los 400 euros a los parados nos lleva a esa conclusión. Ha estado jugando miserablemente -él que vive estupendamente bien a costa de todos los españoles-, con la dignidad de un buen puñado de españoles, que se han visto abocados a una lamentable situación laboral y vital. Y no porque quieran, sino porque individuos como Rajoy y aquellos a quienes defiende en sus intereses usureros, los han llevado a tal estado con tal de mantener la voracidad económica de los poderosos. Ha jugado, -él que confiesa tener nada menos que cuatro casas y tres sueldos (como jefe de su partido, presidente del gobierno y lo que recibe como registrador de la propiedad en lucrativa excedencia) con la ansiedad de muchos españoles, que malvivían con 400 euros, mantenidos gracias al apoyo familiar o la caridad y/o solidaridad de sus conciudadanos u algunas ONG`s. Algún chipirifláutico secuaz, como el Floriano, llegó con chulería a abordar el tema, diciendo que si se vive en casa familiar no se debería tener derecho a la ayuda. Cómo si el verse obligado a vivir en casa de algún familiar por no tener dinero para la propia o alquilada por estar en paro, no diera derecho a comer. 400 € son casi 13 euros/dia. Piensen que dieta podrá tener Rajoy, por ejemplo, y digan si con esa cantidad puede alimentarse y atender a los gastos básicos un español, cuando el propio Rajoy ha encarecido el nivel de vida subiendo el IVA, estableciendo el copago sanitario y destruyendo empleo con su reforma laboral. Pero, claro, para los chipirifláuticos secuaces eso no importa cuando ellos viven, pero que estupendamente bien, con sueldazos, chóferes, móviles, comilonas, escoltas, dietas y viajes, a costa del "gandul" español. Porque de gandules, vagos y casi maleantes -para asimilarse más a la fraseología en boga cuando Él habitaba entre nosotros- ha tratado a un gran número de españoles que han tenido la desgracia de que este individuo haya accedido al gobierno del país democráticamente y borracho de poder, pocos meses después, mentir como un bellaco respecto a lo que dijo y acabar comportarse como el dueño de España por medio del "ordeno y mando", como si fuera su finca particular. Su política esquilmadora de los derechos básicos españoles (trabajo, sanidad, educación y cultura) ha sido galopante y escandalosa. De la cantinela inicial de la herencia socialista (cuando los grandes pufos han estado en autonomías feudos suyos como Valencia, Galicia o Madrid) para excusar sus acciones ante los votantes, pasaron al no hay dinero (cuando se mantiene los privilegios de la casta política, la casa real, la iglesia y la compra de armamentos, un Senado inútil, por ejemplo) y por último, a lo dice Europa. ¿Pero quien es Europa? ¿Quienes son los mercados? ¿Cómo es posible que la dignidad nacional se lleve tan bajo? Rajoy y su banda han vuelto a avergonzarnos -como cuando Él habitaba entre nosotros- de ser españoles. Sin embargo, este individuo mentiroso y sin vergüenza, se niega a seguir las directrices europeas en lo que le beneficia, es decir, la profesión de registrador de la propiedad. Cuando en el resto de los paises de Europa, la profesión que él ha estado ejerciendo, siendo bien remunerada -unos 50.000 € anuales- es una cantidad fija pagada por el Estado como cualquier funcionario, los hermanos Rajoy que controlan la cúpula de los registradores de la propiedad, se han negado a cumplir lo que pide Europa para unificar informáticamente los registros mercantil y de la propiedad. En España, gracias a indiviudos como el actual presidente del gobierno, los registradores pueden ganar fortunas, ya que cobran sustanciosas comisiones de las transacciones inmobiliarias. Imaginen, lo que habrá estado ganando en un municipio turístico, y sobre todo, después de la puesta en marcha de la burbuja inmobiliaria por su antecesor Aznar. Pero no sólo eso. Los registradores cobran por las hipotecas de las que se han lucrado la casta usurera bancaria y empobrecido muchos españoles que las compraron con esfuerzo confiados en las mentiras de banqueros -muchos de ellos dueños de inmobiliarias y empresas de seguros- y políticos.
Gentuza. No hay otra palabra. Si se va a escatimar esos míseros 400 € ¿por qué no se aplica génericamente? ¿Por qué no renuncian a seguir recibiendo como parados de lujo el sueldo hasta dos años después de dejar el cargo, y a veces hasta cobrándolo con otro trabajo? ¿Cómo se atreven a espetarle a un parado de larga duración que no encuentra trabajo, que lo tiene que hacer en un mes para poder cobrar la ayuda, si cada día su política destruye cada vez más puestos de trabajo? ¿Buscarlo fuera de España? Pero si el propio Rajoy penaliza quitándole el paro a quien lo haga. Por otro lado, se entiende menos que en cambio, a la casa real -que no interviene, que calla ante la gravísima situación- se le destinen más de 800.000 euros al año, o que el prícipe Felipe cobre simplemente por ser hijo de, la mitad que su padre el rey: 146.375,50 euros al año. Tampoco se entiende las prebendas de 10.000 millones que ha recibe la iglesia católica de Rouco, cuando según la constitución, España es un estado aconfesional, y además sin pagar contribuciones y permitiéndoles quedarse con grandes propiedades sin pagar por ellas. Tampoco se le esconde ya a nadie, que con lo que gana ese individuo registrador de la propiedad llamado Rajoy, al mes, podría vivir un pensionista con dos hijos dos años. Sin embargo, desde esa privilegiada situación, viviendo del dinero de los ciudadanos, ese individuo, que se esconde del pueblo, que se cree Dios, se adjudica el derecho de dañar sádicamente en su dignidad como ciudadanos, trabajadores o personas con derechos, a los ciudadanos que lo mantienen.Si estuvieramos en otras circunstancias, todo lo que está pasando nos parecería auténtico humor negro o surrealista. Pero en esta España de Rajoy no es fácil reir. Tampoco es tiempo para quejarse o mirar a otro lado. Hay que decir ya de una vez ¡basta!.

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